La muerte del romanticismo

La muerte del romanticismo

Tenía que ocurrir. Con la decadencia de los dioses, llegó la muerte del romanticismo. Venus agonizando en un centro para enfermos terminales con su cuerpo consumido por las enfermedades venéreas. Todas. Baco vendiendo güisqui de “garrafón” en una licorería de un barrio de mala muerte. Apolo, gordo, calvo, con una artritis de mil demonios. Júpiter, ¡ja! el gran dios Júpiter, arruinado, con gota… para qué hablar.

Al joven Cupido le quitaron la honra en un oscuro bosque unos faunos borrachos, tras la noble madera de un viejo roble. No pudo con ello. Cambio su arco y sus acorazonadas flechas por un fusil de asalto. Ahora, cada 14 de febrero, ciego del alcohol que le suministra un viejo amigo que trabaja ahora en una licorería de un barrio de mala muerte, ahoga su amargura vaciando el cargador de su fusil de asalto sobre jóvenes enamorados recordando una matanza que sucedió un día.

Es verdad, los hombres ya no rondan a las mujeres amadas ni componen para ellas versos llenos de melancolía y romanticismo… Ahora, al ritmo de los disparos de Cupido manda el “aquí te pillo, aquí te mato” siempre acompañado del “si te he visto, no me acuerdo” posterior.

En fin. La decadencia de los dioses, la muerte del romanticismo…

C./

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