
¡Conseguido! ¡Lo he conseguido! He logrado abrir un bote de mermelada sin morir en el intento. Ese cochino bote de mermelada pensaba que yo no sería capaz de abrirlo… ¡Ja! Pues, ¡mira!, lo he conseguido.
Al principio todo parecía normal, yo tenía mis galletas preparadas y solo faltaba abrir el bote de mermelada, untar las galletas y disfrutar comiéndolas con mi vaso de leche caliente.
Es verdad que el bote de mermelada llevaba en el armario dos años y medio y a lo mejor algún resto de mermelada había quedado petrificado entre el bote y el tape metálico, pero tampoco era para tanto. Creo yo.
Intenté abrir el bote con las manos y no pude. Puse el tape debajo del grifo del agua caliente, por aquello del coeficiente de dilatación diferente entre el metal del tape y el cristal del bote…, no sé que significa eso, pero lo intenté y tampoco pude.
Luego, poniéndolo bocabajo, le dí unos toques con la palma de la mano en el culo del bote. Parece ser que con esta maniobra se consigue oír un ¡plop!, que indica que el bote ya se puede abrir. Después de varios «¡plops!» el bote seguía empecinado en seguir cerrado.
De pronto recordé que tenía una tenaza «abrebotes» en un cajón de la cocina. Rebusqué dentro, encontré la herramienta y me dispuse a abrir el bote.
No sé si fue el falso giro de muñeca, que la tenaza no sujetaba bien el tape del bote, que tenía la mano que sujetaba el bote mojada o todo junto, pero el caso es que el bote salió disparado contra la pared y el «abrebotes» también pero contra mi ojo.
Yo perdí el equilibrio. traté de sobreponerme y cuando lo intentaba pisé el jodido «abrebotes» que había caído al suelo de tal modo que me hizo perder el pie completamente dándome de bruces contra el tirador del cajón de la cocina que todavía estaba abierto.
También es verdad que un colmillo se me movía y que el premolar estaba un poco «feo», pero no tanto como para saltar por los aires solo por «morder» el tirador del cajón… Creo yo.
Lo peor fue lo de las gafas. Con el meneo que llevaba yo en el cuerpo, mis gafas cayeron al suelo y no sé cómo terminaron debajo de mi bota.
Al final, cuando ya me recuperaba, vi que el cochino bote estaba abierto encima de la mesa, había chocado contra el vaso de leche rompiéndolo y la leche derramada había mojado todas las galletas echándolas a perder… ¡Eran las últimas que me quedaban!
Me dio igual. Al final yo había conseguido mi propósito: abrir el maldito bote de mermelada. O no. Espera. Mi propósito era tomar un vaso de leche con galletas y mermelada. ¡Mierda! Me sigue dando igual, abrí el bote de la mermelada, ¡conseguido!
Escribe en un comentario si alguna vez has tenido alguna experiencia religioso-extrasensorial como la mía al tratar de abrir un bote de mermelada. Recomienda esta entrada a alguien que sea fan de las galletas con mermelada. Dale al «megustas» y, por supuesto, guarda esta entrada en tus colecciones de cosas «peroquemierdohistoriasmecuentastio».
¡Un momento! Escribe en un comentario si has buscado en Internet si hay algún método seguro de abrir botes de conservas, ¡seguro que lo has hecho! Nosotros lo hemos buscado y cuando llegábamos a la página que explicaba cómo hacerlo, no sé cómo, hemos terminado en «yutub» viendo vídeos graciosos de gatitos y perritos (¡menudo puto rollo!).
C./
