Harapiento

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Harapiento

El osito harapiento perdió su ojo izquierdo cuando lo arrojaban al cubo de la basura. Ese ojo no era más que un viejo botón de un abrigo infantil mal cosido en el «careto» deshilachado del osito.

El caso es que cuando lo arrojaron al cubo, no sin cierta violencia, la cabeza del úrsido golpeó contra el borde de la boca del cubo haciendo saltar por los aires el ojo mal cosido del plantígrado. Fue como uno de esos lanzamientos «de tres» en el baloncesto en el que el balón bota y rebota en el aro y terminan por marcharse fuera del campo.

El osito harapiento rebuscó dentro del cubo de basura su ojo perdido pero todo fue en vano. Bueno, no. El pobre bicho de felpa encontró en el cubo un auténtico hogar y desde entonces vive muy feliz entre la mierda. Sí, está tuerto, pero muy feliz.

Escribe en un comentario si alguna vez has vivido en un cubo de basura como el osito. Y, no, los pisos de «sindicatos» de los años 40 no cuentan. Recomienda esta entrada a alguien que sea fan de los  ositos tuertos harapientos, verás cómo se alegra. Por supuesto, dale al «megustas» y guarda esta entrada en tus colecciones de cosas «tenemosqueconseguirhacerelinktober2025».

¡Un momento! Escribe en un comentario si has buscado en Internet cuántas clases de úrsidos hay; ¡seguro que lo has hecho! Nosotros lo hemos buscado y, más o menos, así, a bote pronto, hay como un montón de clases de úrsidos. La clase más famosa fue la del úrsido Yogui, que vivía en el parque «Yeliston», con su inseparable Bubu. Por cierto hemos averiguado que Yogui y Bubu tenían una relación íntima , pero que muy íntima y turbia, y que durante la hibernación había más que palabras entre ellos. ¡Cuánto se aprende en Pronóstico Reservado!

C./

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