
Ya lo tengo todo preparado. Yo me largo. Me voy de vacaciones. Lo tengo todo listo: he colgado el póster de la chica estupenda en la playa tomando un «daikiki»; el cuadro de la marina y un ventilador de dos velocidades; he metido los papeles, lapiceros y gomas de borrar en una bolsa de viaje junto con algo de ropa y las «chancletas» y ya.
Ahora parece que estoy de vacaciones. Lo único que me queda es quedarme casa durante el mes de agosto para que los vecinos crean que me he ido de verdad. Y si tengo que salir, me pondré una peluca y un «jam jaguayano» que me regaló mi prima. Con esto seguro que no me reconoce nadie.
Esto lo hago porque estoy haciendo un curso de desarrollo personal que me dice que tengo que fingir hasta que lo consiga: que te quieres ir de vacaciones, finge que estás de vacaciones y verás como lo consigues.
Eso dicen. A ver qué pasa.
Hey, nos vemos en septiembre.
Escribe en un comentario si tú también finges que te vas de vacaciones o te vas de verdad. Recomienda esta entrada a alguien que sea fan de fingir, verás cómo se alegra y, por supuesto, dale al «megustas» y guarda esta entrada en tus colecciones de cosas «peroquemierdastecreestio».
¡Un momento! Escribe en un comentario si has buscado en Internet si los del sector turístico me pueden poner una demanda por fingir que estoy de vacaciones en la playa y en realidad quedarme en casa, ¡seguro que lo has hecho! Nosotros lo hemos buscado y resulta que no. Cada uno finge que pasa sus vacaciones como le sale de los güevos y yastá.
C./
