
Eso de la explosión se veía venir de lejos… Aquel mechero se hizo el «gracioso» diciendo delante de la caja de cerillas a la que había invitado a cenar: «¡Verás qué romántico es cenar a la luz de esta vela!».
Antes de que la caja de cerillas pudiera explicarle que «eso» no era una vela sino un cartucho de dinamita ya había prendido la mecha.
Y se reía el muy imbécil viendo cómo de la mecha no salía una llama sino un montón de chispas que corrían a toda velocidad hacia la dichosa «vela».
Y «¡BOUUUM!» al canto. Se encontraron pedazos de mechero y del cartón de la caja de cerillas esparcidos en un área de 1 km a la redonda. Todo un espectáculo.
Escribe en un comentario si alguna vez has encendido un cartucho de dinamita y has vivido para contarlo. Si no te quedan manos, dile a tu prima que escriba el comentario por ti. Recomienda esta entrada a alguien que sea fan de los cartuchos de dinamita, verás cómo se alegra. Por supuesto, dale al «megustas» y guarda esta entrada en tus colecciones de cosas «tenemosqueconseguirhacerelinktober2025».
¡Un momento! Escribe en un comentario si has buscado en Internet cuántas clases de cerillas hay; ¡seguro que lo has hecho! Nosotros lo hemos buscado y, más o menos, así, a bote pronto, hay como varias clases. Aunque la clase más famosa es la cerilla de los oídos, también llamada cerumen que sirve para atrapar polvo, mosquitos y toda la mierda que se te pueda meter por el agujero de la oreja. ¡Cuánto se aprende en Pronóstico Reservado!
C./
