Mishin

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Mishin (ミシン, en japonés). Una máquina de coser muy especial.

Ya os comenté hace unas semanas que la tía Mildred volvió de su viaje al Japón (el viaje del «insersos») con su maleta cargadita de yurei, esos fantasmas japoneses en busca de cosas viejas a las que dar vida.

El primero en dar la lata fue el yurei  de Geiko, una joven que se suicidó hace 300 años porque su padre quería obligarla a contraer matrimonio con el joven Yoshinori, un prometedor remendón que arreglaba kimonos y zoris para la alta nobleza japonesa. Sin embargo, ella estaba muy enamorada de Kenji, un joven pastor de cabras que vivía en una aldea situada en las faldas del monte Fuji y que soñaba con ser cazador de dragones.

El espíritu de Geiko encontró, poseyó y animó a la vieja máquina de coser Singer de la abuela Cleta, tía de la tía Mildred. Esa máquina tiene unos 115 años de antigüedad pero se siente como nueva y ahora quiere que la llamen Mishin. Dice que ese es su nombre.

No conviene contradecirla porque un tsukumogami cuando se pone de mala leche es capaz de cualquier cosa y en el caso de Mishin se puede volver loca y ponerse a coser y cerrar todas las aberturas de tela que encuentre por ahí… Imaginaos que cose la boca de todas las bolsas del pan del pueblo, ¡a ver cómo lo sacamos! ¡se acabaron los bocadillos! ¿Qué pasaría con las meriendas de los niños? Cuidado, pues, con enojar a Mishin.

Escribe en un comentario si crees que el yurei de Geiko podría ganarse mejor la vida como costurera de alguna modista de prestigio. Recomienda esta entrada a alguien que sea fan de los obake, verás cómo se alegra. Por supuesto, dale al «megustas» y guarda esta entrada en tus colecciones de cosas «lostsukumogamimolan».

¡Un momento! Escribe en un comentario si has buscado en Internet si crees que la casa Singer puede demandar a Pronóstico Reservado por haber poseído con un yurei una de sus viejas máquinas de coser, ¡seguro que lo has hecho! Nosotros lo hemos buscado y no. No pueden demandarnos porque Mishin es una máquina de coser ya descatalogada. Podemos poseerla como queramos. Además, a ella le gusta ser poseída.

C./

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